Bandas sonoras clave en la historia del cine


"The great escape" de Elmer Bernstein (1963)


   No sería hasta 1960 que un joven Elmer Bernstein se afianzara como autor de gran prestigio gracias al western Los siete magníficos (The magnificent seven). Su director, John Sturges, era considerado uno de los cineastas más sólidos de Hollywood, muy al estilo de realizadores como Michael Curtiz o Anthony Mann, todos ellos caracterizados por conjuntar con gran prestancia profesionalidad y sentido de lo artístico. Sturges ya había dirigido con anterioridad películas ambientadas en el lejano oeste como El sexto fugitivo(1956), Duelo de titanes (1957) o El último tren de Gun Hill (1959), todas ellas protagonizadas por personajes de fuerte masculinidad. Ambos cineastas colaborarían hasta 1974 en seis largometrajes, de los que dos destacan de manera muy especial: el ya mencionado Los siete magníficos y La gran evasión (The great escape, 1963). Con un reparto de campanillas encabezado por Steve McQueen, James Garner, Richard Attenborough, Charles Bronson, Donald Pleasance, James Coburn y James Donald, narra la historia de un grupo de oficiales ingleses y estadounidenses, recluidos en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, que deciden planear una masiva fuga. Sturges combina acción, aventura y comedia de manera ejemplar, sin apenas irregularidades en el desarrollo de la trama, beneficiándose no sólo de un magnífico guion escrito por el prestigioso novelista James Clavell (Shogun, Tai-Pan), sino, una vez más, por la marcial y pegadiza música de Elmer Bernstein. Toma como referente central un 'Main title' juguetón protagonizado por los instrumentos de viento cuya apariencia militar no es más que una excusa para decir al espectador que, en el fondo, nos encontramos ante un divertimento. Pero su música va mucho más allá de lo jocoso, pues también es conocedor, como gran ambientador que es, del componente trágico de la realista historia, por lo que, aparte de recrearse en los aspectos ligeros, profundiza a la vez en el drama personal de unos hombres que luchan constantemente por sobrevivir. 

Orquestadores: Leo Shuken & Jack Hayes.
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"Lonesome Dove" de Basil Poledouris (1989)

   El género norteamericano por antonomasia es el western. Tanto cine como televisión nos han ofrecido innumerables muestras de obras dignas de mención desde lo cinematográfico y desde lo musical. Grandes directores y compositores han visto en él la oportunidad de ofrecer una visión apasionada de la reciente historia americana; además, el colorido de su temática y argumento siempre ha sido un componente muy atractivo desde el punto de vista artístico.
   En las últimas décadas el western ha sufrido un notable declive, pero de vez en cuando en Hollywood salen a la luz brillantes destellos luminosos que resucitan el añejo fulgor. En 1989 el realizador australiano Simon Wincer adaptó para la pequeña pantalla la novela de Larry McMurtry Lonesome Dove (Paloma Solitaria), miniserie de cuatro episodios protagonizada por Tommy Lee Jones y Robert Duvall que narra las aventuras y desventuras de dos vaqueros desde su Texas natal hasta la lejana Montana. Para describir musicalmente dicha odisea quién mejor que el añorado Basil Poledouris, uno de los compositores con mayor capacidad melódica del séptimo arte. A partir de un intenso y emotivo tema principal ('Theme from Lonesome Dove'), el artista nacido en Kansas desarrolla una partitura sustentada con inusitada fidelidad en los más tradicionales pilares de la cultura americana, pero evitando las estridencias típicas del género y centrándose en una línea tonal abiertamente romántica en la que las cuerdas parecen abrazar con singular candor la senda de unos hombres y mujeres en busca de su Dorado particular.

Orquestador: Basil Poledouris.
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"Highlander" de Michael Kamen (1986)


Cuando un compositor de la talla de Michael Kamen dice adiós a la temprana edad de 55 años algo se  quiebra en el corazón de los amantes de la buena música, en especial cuando se piensa en las obras que no han podido ver la luz. Su legado es uno de los más notables del séptimo arte y en él destacan bandas sonoras de la repercusión de La zona muerta, Brazil, Arma letal, Resplandor en la oscuridad, Más allá de los sueños, Don Juan de Marco, Profesor Holland u Open range. Habitualmente encasillado, por lo demás de forma injusta, en el cine de acción, Kamen siempre ha sido, en realidad, un artista que ha pretendido huir de las etiquetas. Su música, caracterizada por un estilo de inconfundibles tonalidades, deambula entre el clasicismo más enérgico y el experimentalismo más arriesgado. 
Uno de sus scores más reconocidos entre los aficionados es Los inmortales (Highlander, 1986), fantasía medieval dirigida por el irregular Russell Mulcahy que aúna con gran prestancia el cine romántico con el fantástico y de aventuras. El filme recurre desde el punto de vista musical a un juego ciertamente arriesgado: conjuntar las canciones del grupo británico Queen con la partitura académica de Kamen. Así, lo que en un principio podría resultar anacrónico acaba convirtiéndose en un artilugio que sale muy airoso, en especial la capacidad de un score original poderoso en lo instrumental que es consciente de la hermandad que no debe traicionar y que, en última instancia, acaba imponiéndose a unas canciones con innegable carisma pero poco sutiles en su traspaso a la pantalla grande.

Orquestador: Michael Kamen.
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"Joe versus the volcano" de Georges Delerue (1990)

   
La relación entre Georges Delerue y el cine anglosajón siempre ha sido muy estrecha. En la misma sobresalen con luz propia scores como Mujeres enamoradas, Chacal, El día del delfín, Julia, Un pequeño romance (su único Oscar), Confesiones verdaderas, Agnes de Dios, Salvador, Platoon, Su coartada, Magnolias de acero, En busca del amor y, muy especialmente, Joe contra el volcán (Joe versus the volcano (1990). El filme escrito y dirigido por John Patrick Shanley es un agridulce cuento romántico que tiene como protagonista a Joe Banks, un hiponcondríaco al que le detectan una enfermedad terminal; lejos de amedrentrarse descubre en el amor por su secretaria y en su nueva visión de la realidad la pasión por la vida. Qué mejor compositor que el maestro Delerue para retratar el entusiasmo vital, no exento de puntuales pinceladas grises, todo ello a través de una paleta orquestal plena de luz y color.
Joe contra el volcán fue escrito tan sólo dos años antes de su muerte y en un principio la labor de Delerue se redujo a 15 minutos de partitura; sin embargo, los productores quedaron tan impresionados con la música que le encargaron media hora más. Se trata, en definitiva, de una obra que resume toda su filmografía, o lo que es lo mismo, su brillante estilo melódico caracterizado por las tonalidades tersas y delicadas, pero que, en significativas ocasiones, se ven acompañadas de otras profundamente sombrías, reflejo del drama del personaje principal.

Orquestador: Georges Delerue.
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"Forrest Gump" de Alan Silvestri (1994)


   Desde 1984 hasta 2011 Alan Silvestri y Robert Zemeckis han formado la que puede ser considerada, junto a Williams y Spielberg, la relación entre músico y director más estable de la historia del cine. Quince películas entre cine y televisión configuran una colaboración que ha permanecido constante desde Tras el corazón verde hasta El vuelo, con la única salvedad de un episodio de la serie de 1993 producida por Frank MarshallJohnny Bago y el documental televisivo The 20th century: The pursuit of happyness, de 1999.
   En la mayoría de los cineastas y, en realidad, en todos aquellos que han disfrutado de las mieles del éxito, hay un momento que marca un punto de inflexión artística. En el caso de Zemeckis y Silvestri lo constituye la película Forrest Gump (1994). Ganadora de seis merecidos Oscar (actor, efectos visuales, montaje, guion adaptado, dirección y película), Forrest Gump supone además la primera nominación de Silvestri (la segunda sería por la canción principal de Polar Express). "Yo escribo música en respuesta a una película y a una historia. No me siento y compongo en el vacío; siempre trato en el fondo de buscar lo que la película necesita, y luego me centro en el componente musical de la narración, intentando en todo momento estar a la altura de lo que se cuenta". Las palabras de Silvestri reflejan la primordial importancia de la labor de un músico a la hora de acompañar el relato cinematográfico. Para él la simplicidad es la clave, y con Forrest Gump consiguió ser plenamente objetivo, evitar, en definitiva, situarse por encima de la acción. Su estilo, en muchos casos grandilocuente, dio paso a un lenguaje moderado caracterizado por el empleo de motivos de gran carga descriptiva y cuyo lirismo ha hecho de la banda sonora uno de sus referentes principales.

Orquestadores: William Ross & Jon Charles.
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"Lady in the water" de James Newton Howard (2006)


   Nueve películas conforman la filmografía del realizador hindú (aunque criado en los Estados Unidos, y más en concreto en la ciudad de Filadelfia) M. Night Shyamalan. Desde 1992, con Praying with anger, hasta la reciente Airbender, el último guerrero (2010), y a la espera de After Earth (2013), su cine está marcado por un estilo de intenso academicismo que no oculta unos fervientes deseos por encontrar vías menos tradicionales y más cercanas a lo innovador. Admirador desde su juventud de Steven Spielberg, su influencia es evidente en toda su obra, en especial en su tratamiento visual, lo cual se observa muy especialmente a partir de El sexto sentido, el filme que le abrió todas las puertas del mundo de Hollywood y que le valió sus dos únicas nominaciones al Oscar. Con anterioridad, Shyamalan dirigió dos largometrajes menores, el mencionado drama Praying with anger (1992) y la comedia familiar Los primeros amigos(1998), ambos con música de Edmund Choi, autor que tan sólo ha escrito seis scores para la gran pantalla. Para su siguiente proyecto, El sexto sentido (The sixth sense, 1999), contó con la inestimable colaboración de dos de los más reputados productores de la Industria, Kathleen Kennedy y Frank Marshall, habituales en la filmografía de Spielberg. Asombrados por el guion de Shyamalan, que ofrecía una nueva percepción del cine de terror, de sorprendente realismo y con unas ingeniosas dosis de espiritualidad que evitaban a las tradicionales historias del género, decidieron poner en marcha una historia que acabaría convirtiéndose en uno de los mayores éxitos de la década de los 90. En un principio Shyamalan no se mostró demasiado contento con la música original (durante algún tiempo se insinuó que fue obra de Marco Beltrami, aunque en diferentes entrevistas el músico neoyorquino siempre lo ha negado), por lo que Frank Marshall le sugirió a James Newton Howard, con el que había trabajado en ¡Viven! en 1993. Desde entonces, músico y director han colaborado en todas las películas que el primero ha realizado, formando una de las parejas cinematográficas más sólidas de las últimas décadas.
   Con La joven del agua (Lady in the water, 2006), el realizador hindú inició un declive notorio en su carrera, un punto de inflexión que ha hecho del resto de sus largometrajes una especie de diana dañina tanto para crítica como para público, inusitadamente unidos en su criterio contra Shyamalan. La mezcla irregular de drama, comedia, suspense y fantasía no fue del gusto general, lo que provocó que el filme resultara un importante fracaso comercial, debido, sobre todo, a su exagerado presupuesto: 75 millones de dólares. Para narrar musicalmente la historia de una especie de ninfa que vive en la piscina de un complejo de apartamentos de los suburbios de Filadelfia, Newton Howard se decantó por la temática lírica para potenciar el componente fantástico. La mayor parte del score es de carácter incidental, y se apoya en la cuerda y en las voces femeninas, para desembocar con posterioridad en la recurrente eclosión enfática típica de los argumentos basados en la sorpresa final. Así, el epílogo, especificado en el tema 'The great Eatlon', vuelve a reflejar la pasión de Newton Howard por los motivos de gran fuerza orquestal cuyo indudable carisma no se traduce, al menos en esta ocasión, en la deseada perfecta simbiosis con las imágenes.

Orquestadores: Jeff Atmajian, Brad Dechter, Jon Kull & Patrick Russ.
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"Memoirs of a geisha" de John Williams (2005)

   2005 fue un año especialmente prolífico en la carrera de John Williams, pues en él escribió cuatro bandas sonoras: Star Wars III (Revenge of the Sith), War of the worlds, Munich y Memoirs of a geisha (Memorias de una geisha). Salvo en el primer caso, en el que nos encontramos, por lo general, con un Williams épico y aventurero, en las otras partituras el músico neoyorquino se decanta por el que ha sido su estilo más característico de los último años: la apasionada combinación de atonalidad y tonalidad.
   Memoirs of a geisha es la adaptación cinematográfica de la novela homónima de Arthur Golden, en la que se relata la historia de Sayuri, niña que es separada de su familia para trabajar en un barrio de geishas, el hanamachi. Con los años acaba convirtiéndose en la más deseada de la ciudad, pero su vida transcurre entre la servidumbre de su cargo social y la impotencia por no alcanzar sus deseos más naturales. La música es una oda al amor en apariencia imposible, pero a su vez a los sentimientos vehementes de una mujer en busca de la serenidad y la felicidad. Williams huye de las melodías aterciopeladas, pues es consciente de la profundidad de la temática a describir musicalmente, por lo que se adentra en el complejo universo de las tradiciones niponas a través del empleo de leitmotives cuya armonía parece resquebrajarse; pero es sólo una apariencia, pues su creación transcurre por unos senderos tonales cuya belleza va más allá de recursos simplistas o inocentes.
   Dos temas son los que se centran en los dos personajes principales, el presidente y Sayuri. Para el primero se decanta por personificarlo en la figura instrumental de un violín, interpretado por Itzhak Perlman; para el personaje femenino, será un sobrio y casi agonizante violonchelo interpretado por Yo-Yo Ma. Ambos protagonizan gran parte del score, en una especie de baile cadencioso cuya serenidad no oculta un profundo sentido de lo melodramático. Williams, como no podía ser de otra manera, también se introduce en la tradición japonesa mediante en empleo de instrumentos propios del país asiático; así, percusión, cuerda y viento (taiko, koto, shakuhachi) se pasean por la banda sonora en perfecta armonía con los occidentales, formando a la postre un conjunto melódico cuyo perfecto entendimiento hace de Memoirs of a geisha una de sus obras más refinadas y bellas.

Orquestadores: Conrad Pope & Edward Karam.
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"Jurassic Park" de John Williams (1993)

   Parque Jurásico es una de las novelas de ciencia-ficción más apasionantes y sugerentes de la historia del género, escrita por un autor de indudable talento, Michael Crichton, que siempre supo, a través de una narrativa ágil y lúcida, seducir a todo tipo de lectores. Steven Spielberg, amigo del escritor californiano, decidió a principios de los años 90 trasladar a la gran pantalla la ambiciosa novela de Crichton; sin embargo, su adaptación pecó de ingenua pues prefirió potenciar el lado más sentimental de la historia en detrimento del más oscuro de la misma. 
   La partitura de John Williams toma como referente un épico y sensible tema central ('Theme from Jurassic Park'), al igual que casi todos los que ha escrito en su inmaculada filmografía, con gran sentido de la melodía cadenciosa. A partir del mismo se decanta por la ambivalencia, es decir, por las tonalidades entre oscuras y amables ('Incident in the island' vs. 'A tree for my bed'), que parecen querer confirmar a través de su música el carácter mitad sombrío mitad pueril del realizador estadounidense. Pero donde Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993) destaca más es en los momentos adrenalínicos de enérgica acción ('Eye to eye', ' T-Rex rescue'), apoyados en una contundente orquestación obra de Conrad Pope, John Neufeld, Alexander Courage y Dennis Dreith.


Orquestadores: Conrad Pope, John Neufeld, Alexander Courage y Dennis Dreith.


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"The omen" de Jerry Goldsmith (1976)



   En 18 ocasiones Jerry Goldsmith fue nominado al Oscar y, por increíble o injusto que parezca, sólo recibió un premio de la Academia, el que le fue concedido en la ceremonia de 1977 por La profecía (The omen, 1976). Su score se sustenta en los firmes pilares de la célebre canción Ave Satani (única de sus múltiples y maravillosas canciones nominada por el "olvidadizo" tío Oscar), sombría y siniestra melodía que es secundada por otras piezas corales cuya apariencia amenazadora sumerge al espectador, y al oyente, en un constante estado de turbación. En realidad, La profecía es una pieza sinfónica aviesa que sólo en contadas (y familiares) ocasiones abandona su aspecto sobrecogedor ('The new ambassador'), como en una especie de guiño que busca la complicidad. 
   El cine de terror siempre ha resultado más efectivo sugiriendo que mostrando. Goldsmith también se decanta en sus escasas incursiones en el género (El otro, La reencarnación de Peter Proud, Poltergeist, Leviathan) por no aturdir mediante estridencias superficiales que resulten obvias o manifiestamente pueriles. Con La profecía firma un score imprescindible por su carácter modélico, pero, en especial, por su capacidad de adaptarse como un áspero e incómodo guante a la historia de la película.

Orquestador: Arthur Morton.

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"Alien" de Jerry Goldsmith (1979)

   Jerry Goldsmith siempre se ha movido como pez en el agua dentro de todo tipo de géneros cinematográficos. De hecho, su espíritu camaleónico, como así lo tildaba su buen amigo John Williams, hizo de él un compositor de increíble precisión, aunando talento melódico y rigor argumental. Sus incursiones en el cine de ciencia-ficción conforman algunos de los trabajos musicales más importantes de la historia del séptimo arte. El planeta de los simios, El hombre ilustrado, La fuga de Logan, Capricornio Uno, Atmósfera Cero, Star Trek-La película, Exploradores o, sobre todo, Alien-El octavo pasajero (Alien, 1979) son scores cuya perfección es modelo para cualquier músico actual.
   La película de Ridley Scott, segunda en su fructífera e irregular filmografía, es un hito del cine de terror y ciencia-ficción. Posiblemente nos encontramos ante la obra definitiva de ambos géneros, y el score del maestro angelino refuerza con su energía y presencia inquietante su estatus de filme incunable. De hecho, su composición bien podría ser considerada como el noveno pasajero, pues describe con insólita profesionalidad la atmósfera perturbadora y agobiante en la que nos sumerge Scott. 
   Aunque Goldsmith realizó un trabajo insuperable (inspirado en la tradición atonal clásica europea), en especial en el subrayado argumental y en la descripción de caracteres, durante el proceso de posproducción el montador Terry Rawlings sustituyó en su montaje gran parte de la partitura original por piezas como la Segunda Sinfonía (The Romantic) de Howard Hanson o temas del propio Goldsmith para su banda sonora Freud, pasión secreta, que había utilizado como 'temp track' y que, por desgracia, acabaron imponiéndose, muy a pesar del propio autor, a la obra original.


Orquestador (no acreditado): Arthur Morton.

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"The nightmare before Christmas" de Danny Elfman (1993)

   Trece han sido, hasta la fecha, las películas en las que Danny Elfman y Tim Burton han colaborado, desde La gran aventura de Pee-wee (1985) hasta la reciente Frankenweenie (2012). Juntos han formado una de las parejas cinematográficas más carismáticas y apreciadas por todos los amantes de lo insólito y creativo. Posiblemente su colaboración más importante es Pesadilla antes de Navidad (The nightmare before Christmas, 1993), compuesta entre Batman vuelve y Mars attacks!, con la que, junto al realizador Henry Selick, consiguieron dar otra vuelta de tuerca a los géneros fantástico y musical. Auténtico filme de culto casi desde su estreno, resulta un apasionado y tenebroso cuento que no oculta su deseo de transgredir los cánones más clásicos, aportando una visión entre tenebrosa y cándida de la Navidad. Elfman escribió un musical lleno de canciones inmortales, parte de las cuales él mismo interpretaba, en concreto las cantadas por Jack Skellington, Barrel y el payaso. Un 'tour de force' artístico que refleja la gran capacidad melódica de un artista en constante perfeccionamiento.

Orquestadores: Mark McKenzie (score) y Steve Bartek (canciones).

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"The Lord of the Rings: The Two Towers" de Howard Shore (2002)

   Nueva visita del compositor canadiense Howard Shore al territorio fantástico de Tolkien, El Señor de los Anillos: Las Dos Torres (The Lord of the Rings: The Two Towers, 2002) es el segundo escalón en la que se perfila como sinfonía cinematográfica en seis partes definitiva. En un momento especialmente fructífero de su carrera (principios del nuevo siglo) en el que Shore compuso scores de la importancia de La celda, La habitación del pánico o Gangs of New York (aparte de La Comunidad del Anillo), Las Dos Torres no es tan sólo una mera continuación de su predecesora, un mero juego orquestal de arreglos basados en una temática anterior; es una creación con una vida propia cuya principal virtud es su coherencia melódica de grandiosas proporciones. En este segundo capítulo de la obra maestra de Tolkien nos encontramos con una Comunidad disuelta por las fuerzas del mal que se enfrenta a los interminables peligros de la Tierra Media. Orcos, elfos, enanos, humanos, hobbits, enanos, magos y seres de todo tipo se enfrentan y se alían en una narración, literaria, cinematográfica y musical, que en esta ocasión se centra en lo bélico, pero sin obviar el trasfondo profundamente melodramático de las relaciones entre personajes. Así, Shore dibuja un score de inusual contenido trágico, apoyándose en una instrumentación prosopopéyica que alcanza su cúspide con los momentos protagonizados por los coros, símbolos tanto del bien como del mal, auspicio en el fondo de un futuro incierto pero esperanzado.

Orquestador: Howard Shore.

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"Star Trek: The motion picture" de Jerry Goldsmith (1979)

   La relación del maestro Jerry Goldsmith con la ciencia-ficción se remonta a 1960 con siete episodios de la emblemática serie televisiva La dimensión desconocida (The twilight zone), perfecto campo de pruebas que le permitirá curtirse como compositor. Con posterioridad llegarían proyectos mucho más ambiciosos como Estación 3 ultrasecreta, El planeta de los simios, El hombre ilustrado o La fuga de Logan. En 1979 escribiría dos de sus trabajos más significativos dentro del género: Alien, el octavo pasajero y Star Trek: La película (Star Trek: The motion picture). Este último es su segunda colaboración con el prestigioso director Robert Wise tras El Yang-Tsé en llamas en 1966. La película supone un intento por parte de la productora Paramount, y en particular del creador de la serie televisiva original de finales de los años 60 (1966-1969), Gene Roddenberry, de seguir la estela del éxito de La guerra de las galaxias. De esta manera, Jerry Goldsmith se decantó por una creación abiertamente sinfónica en la que prioriza los temas de gran vigor tonal, en especial el celebérrimo 'Main title', una fanfarria deudora del más puro estilo Korngold y, cómo no, Williams. Pero el genio angelino no se conforma con una sucesión de simples y previsibles variaciones sobre dicho tema, sino que nos invita a un festival de melodías cercanas a lo sublime ('Ilya's theme', 'The Enterprise', 'The cloud', 'Klingon battle') que ya son, hoy en día, historia viva de la música de cine.

Orquestadores: Arthur Morton, Fred Steiner y Alexander Courage.

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"The land before time" de James Horner (1988)


   El acercamiento de James Horner al cine familiar tuvo su origen en 1985 con Cocoon, filme al que seguirían en la segunda mitad de los 80 y principios de los 90 Natty Gann, Capitán Eo, Proyecto X, Willow, Nuestros maravillosos aliados, Cocoon: el retorno, Cariño, he encogido a los niños y Rocketeer. De este mismo periodo, que puede ser considerado como el más fructífero e inspirado de su carrera, son sus extraordinarias incursiones en la animación, en concreto Fievel y el nuevo mundo, su continuación Fievel va al oeste, Rex: Un dinosaurio en Nueva York, El bosque de colores, El guardián de las palabras y En busca del valle encantado (The land before time, 1988). Esta última fue su segunda colaboración con el realizador Don Bluth tras la magnífica Fievel y el nuevo mundo. Intento, en el fondo un tanto fallido desde el punto de vista artístico, que no comercial, de repetir el éxito de las aventuras del perspicaz ratón emigrante en busca de la tierra prometida, En busca del valle encantado se beneficia de un Horner en estado de gracia que juega con las melodías amables pero muy sutilmente orquestadas para otorgarle a la banda sonora de un aire más ceremonioso, y, a la postre, muy formal. 
   Partiendo del tema central 'If we hold on together', interpretado en la inevitable versión comercial por Diana Ross, que reutiliza en diversos arreglos a lo largo de la partitura, el músico californiano desarrolla una partitura de gran riqueza temática, lúcida en su descripción de las emociones de los personajes y, sobre todo, en los momentos de fuerte carga dramática, aunque sin caer en la aparatosidad típica de los compositores actuales. Así, En busca del valle encantado se convierte en un perfecto ejemplo de música de cine de animación alejada de toda presuntuosidad.


Orquestador: Greig McRitchie.

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"Edward Scissorhands" de Danny Elfman (1990)



   La cuarta colaboración entre Danny Elfman y Tim Burton fue Edward Scissorhands (Eduardo Manostijeras) (1990). El filme cuenta la historia de Edward, un muchacho creado por un extravagante inventor que no pudo concluir su obra, quedando como fatal final de la misma, y tras su muerte, unas manos en forma de tijeras amenazantes. Tan excéntrico relato es resuelto musicalmente a través de una partitura casi descaradamente bucólica, y es ese intenso tono lírico (personalizado en la presencia constante de un coro infantil y femenino) el que otorga a Eduardo Manostijeras su carácter de obra clave en la filmografía de Danny Elfman, pues afirma una línea melódica deudora de la tradición europea que irá desarrollando a lo largo de su dilatada carrera y que, con anterioridad, dio sus primeros pasos con los scores de La gran aventura de Pee-wee, Bitelchús, Big top Pee-wee y Los fantasmas atacan al jefe. Danny Elfman es un autor especialmente dotado para la temática elegiaca cuyo carácter lastimero y melancólico es el perfecto acompañante para las historias que juegan con la fantasía y la fina ironía.

Orquestador: Steve Bartek.


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"Schindler's list" de John Williams (1993)

 
   En 1993, Steven Spielberg hizo realidad su sueño de llevar a la pantalla grande el holocausto judío, en esta ocasión la novela de Thomas Keneally Schindler's list (La lista de Schindler). Fue a la postre su primer Oscar como director y el cuarto de Williams como score original (quinto en su totalidad). La odisea protagonizada por Oskar Schindler, un empresario alemán que acaba redimiéndose de su avaricia al ayudar de una muerte segura a cientos de judíos, es relata desde el punto de vista musical a través de melodías de clara influencia hebrea, pero sin desdeñar un bucolismo que hace de la banda sonora un auténtico referente de la música de profundas raíces poéticas. Su tema principal ('Theme from Schindler's list'), protagonizado por un lánguido y lastimero violín interpretado de manera primorosa por Itzhak Perlman, es una pieza de increíble sensibilidad y belleza que ha acabado convirtiéndose en un himno de la cultura judía. Muy similar resulta su emotivo epílogo, 'Remembrances', que lo secunda en claro contraste con la mayor parte del resto de la partitura que, aunque no parece querer abandonar la línea melancólica del tema central, se decanta por sonoridades más dramáticas que simbolizan musicalmente el horror; pero no se trata de un subrayado previsible sino de una detallista visión de una etapa de nuestra historia reciente que nunca deberíamos olvidar.



Orquestadores: John Neufeld, Angela Morley & Conrad Pope.

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"Under fire" de Jerry Goldsmith (1983)



   Desde su más que merecido Oscar recibido en 1977 por La profecía, la carrera de Jerry Goldsmith inició un periodo de esplendor de más de una década en la que brillaron partituras tan emblemáticas como La isla del adiós, Capricornio Uno, Los niños del Brasil, Alien, Star Trek, Poltergeist, En los límites de la realidad, Gremlins, Exploradores, Legend, Hoosiers o Lionheart. Fue un periodo de increíble creatividad que para siempre permanecerá en la historia del séptimo arte como una etapa dorada de la música cinematográfica. En medio de este primoroso ciclo se sitúa el intenso aunque irregular melodrama político dirigido en 1983 por Roger Spottiswoode Bajo el fuego (Under fire). Amparándose en los más obvios ritmos de la música tradicional hipotéticamente centroamericana, pero en el fondo en melodías poco rigurosas que sitúan la flauta de pan como instrumento nicaragüense cuando lo es en realidad de la región de los Andes, Goldsmith desarrolla un score que combina con mayor o menor éxito los sonidos experimentales electrónicos y los orquestales. Sin embargo, la belleza de un tema principal inspirado (muy probablemente de manera inconsciente) en las obras para guitarra y orquesta de autores como García Abril o Rodrigo, auténtico protagonista de la obra, ha hecho de Bajo el fuego una banda sonora cuyos altibajos se quedan en el olvido gracias a la grandeza de dicha melodía. La sentida interpretación además del guitarrista Pat Metheny aporta al score una mayor sensibilidad, que culmina con el emotivo himno a Nicaragua, corte final que simboliza la grandeza de un país sumido en el dolor pero siempre en busca de la esperanza.

Orquestador: Arthur Morton.

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"Planet of the apes" de Jerry Goldsmith (1968)


   
   Jerry Goldsmith y Franklin J. Schaffner, o lo que es lo mismo, 24 años de enriquecedora asociación entre dos grandes creadores, desde 1963 con The stripper hasta 1987 con Lionheart. Entre medias, algunas de las películas y algunos de los scores más memorables de la historia del cine, como El planeta de los simios, Patton o Papillon. El primero de los citados, escrito en una etapa en la Goldsmith empezaba a desarrollar a través de filmes de gran espectáculo  (Río Conchos, El coronel von Ryan, El Yang-Tsé en llamas) un estilo marcadamente sinfónico, estaba muy influenciado por compositores de vanguardia como Béla Bartók o Igor Stravinsky, o incluso su coetáneo y amigo Alex North. El músico californiano desarrolló una partitura experimental apoyada en la energía que imprime la orquestación acústica, que supuso un antes y un después en la música de cine. Cortes como 'Main title', 'The searchers', 'Crash landing' o, sobre todo, 'The hunt', conforman un score cuya atonalidad no es más que un reflejo musical que describe a la perfección los trágicos acontecimientos del argumento. Obra, en definitiva, con un gran espíritu renovador, referente innegable de un cine posterior en busca de lo audaz.

Orquestador: Arthur Morton.

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"Conan the Barbarian" de Basil Poledouris (1982)

   Como estudiante de Cinematografía de la Universidad del Sur de California, Basil Poledouris conoció al que sería con el paso de los años uno de los pilares de su carrera: el realizador John Milius. Sin duda, su amistad de juventud fue la llave que abrió la posibilidad de trabajar juntos en el megaproyecto que supuso en 1982 Conan el Bárbaro (Conan the Barbarian), un vehículo en principio para lanzar al estrellato a Arnold Schwarzenegger que acabó convirtiéndose en una de las películas de aventuras más reconocidas de la década de los 80. La adaptación de las historias de Robert E. Howard escrita a dos manos por Milius y un incipiente Oliver Stone, es un relato épico de gran poder visual que se beneficia especialmente de una partitura espectacular inspirada en el clasicismo de autores como Miklós Rózsa o Max Steiner. Poledouris siempre ha sido un compositor especialmente dotado para la melodía y con Conan el Bárbaro, su proyecto más importante por aquel entonces, dio rienda suelta a su pasión por los temas seductores y plenos de belleza tonal. Pero el score no descansa sólo en la fuerza de dicha temática sino que también resulta conmovedor por su dominio del tempo rítmico, que describe la acción con insólita gracia, haciendo de toda la obra un ejemplo perfecto de partitura de género emblemática.

 Orquestadores: Greig McRitchie & Steven Scott Smalley.

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"Star Wars" de John Williams (1977)

   1977 marcó un antes y un después tanto en la carrera de George Lucas como en la de John Williams. Para ambos cineastas, La Guerra de las Galaxias (Star Wars) no sólo es un hito sino a su vez un auténtico propulsor que les condujo imparables a la cima del éxito internacional. Tras el Oscar recibido en 1976 por Tiburón, Williams se embarcó en proyectos de mayor o menor envergadura; Missouri, La batalla de Midway y Domingo negro le aportaron una creciente seguridad profesional y una base cada vez más sólida como autor ecléctico. La llamada de George Lucas para componer la partitura de su odisea espacial La Guerra de las Galaxias supuso la impagable oportunidad de escribir una obra profundamente clásica cuyos cimientos se apoyaban en la tradición de la época dorada de Hollywood, y muy especialmente en su referente principal: de nuevo Erich Wolfgang Korngold. El joven realizador californiano, consciente del poder de una banda sonora emblemática, le pidió que huyera de todo sonido electrónico, tan en boga en la década de los 70, para desarrollar una composición  vigorosamente sinfónica. De esta manera, Williams partió de un tema central inspirado en las fanfarrias de Korngold, y muy especialmente de Abismo de pasión (Kings row), que serviría de perfecto acompañante a una acción necesitada del atractivo de una melodía pegadiza. La Guerra de las Galaxias no sería el mismo filme sin dicho tema, y quizás menos aún sin toda una serie de piezas que dibujan con gran personalidad no sólo situaciones ('Imperial attack', 'Cantina band', 'The battle of Yavin') sino, sobre todo, a unos personajes que adquirieron mayor humanidad y heroicidad gracias a su álter ego musical ('Princess Leia's theme').

Orquestadores: Herbert W. Spencer, Angela Morley, Arthur Morton, Albert Woodbury y John Williams (no acreditados los cuatro últimos).

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A Florencio Herce y familia. Gracias por vuestra generosidad. Y, cómo no, a todos aquellos que me habéis mostrado vuestro apoyo.

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